Parte Otomana de Turquía

Solitario corazón vaga sin rumbo por aquí, buscando un poco de emoción

Rulo de La Fuga

Turquía! Madre mía qué país. Venía para cruzarlo por el norte en 3 días. No he visto el norte, no he visto el mar negro ni sus árboles. No he visitado el monasterio de Sumela o la ciudad de Samsun. Tampoco he cruzado la frontera georgiana por Batumi. En fin el plan es que no hay plan. Os escribo desde Tbilisi, Georgia, en unos días de descanso que necesitaba. He pasado dos semanas en Turquía y como os decía mi plan era disfrutar sólo tres días. Pero qué suerte que mi plan se haya torcido. Todo pintaba bien desde que salimos de Samothrakis en el capítulo anterior. Después de aquel remanso de paz griego, no sabía muy bien a qué acogerme aquí en Turquía.

No quiero publicar todavía ninguna foto. Y os cuento por qué. He terminado un libro de Albert Espinosa, se llama El mundo amarillo. Me ha gustado mucho, pero básicamente habla de esas personas que aunque te encuentres con ellos un día sólamente ya te cambian la vida. Una frase, una conversación, algo… Ese algo que perdura en tu cabeza y te hace crecer. Así que después de leer el libro, me pregunté quienes han sido mis personas amarillas y cree este post para de una forma u otra darles un homenaje. Dentro de esa lista está Pablo, un uzbeko enamorado del español que estaba en la recepción del hostel de Turquía. Apuntad este hostel, de los mejores que he estado y el trato increíble. Hostel Stanpoli. Así que antes de comenzar la crónica la primera foto es con él.

Con Pablo (su nombre español)

La entrada a Turquía fue pesada. Hasta dos horas en la frontera muy militarizada. Luego descubrí que en Turquía lo de sacar el ejército a la calle es de lo más normal del mundo. Demasiado normal. Cuando crees que ya no hay más controles en la frontera y te pones el casco, viene otro, pasaporte, papeles, carta verde… Y así se repite 5 veces, que me pregunto siempre que por qué no se pone uno al lado del otro y van comprobando todo. El visado que saqué anticipadamente ni me lo pidieron… Primera gasolinera turca y primer té sin hablar nada de inglés. Ispanya, aprendí a decir rápidamente. Antes de llegar al hostel quería detenerme en el concesionario de Harley para saludar y hacer mi compra turística de su camiseta. Aquí, en la ciudad, el inglés sí que es algo más común y ya no tuve problemas de comunicación. Me quedé charlando con ellos 2 horas, porque entre el atasco para entrar en esta ciudad de 17 millones de habitantes y el calor sofocante que desprendía la moto necesitaba un descanso. Compré mi camiseta y además de sacarse fotos conmigo me regalaron unos productos de Harley para limpiar la moto.

Bosphorus Harley Davidson Dealer Ship

Los precios estaban en EUR o USD, y me llamó la atención. Erdogán, me decían. Ya en el hostel andaba asfixiado y sólo me apetecía descansar. Menuda forma de dormir ese día. Al día siguiente con Pablo me recorrí la mayor parte de Estambúl, pero no para ver cosas, sino más bien disfrutando de la compañía y el paseo, hasta que vinieron por fin las cervezas debajo de un puente lleno de bares y restaurantes. Me quedaba anonadado con los contrastes de esta ciudad. Burkas, tatuajes, pelos azules, camisetas de Led Zepelin… Para mis adentros pensé que sería cosa de la gran ciudad, pero con el tiempo me dí cuenta que Turquía es así, llena de contrastes por todos y cada uno de sus rincones.

Mezquita Azul

Durante el día siguiente tocaba partir y despedirse. Antes quise al menos descubrir algún rincón más de esta ciudad, a la que sé que volveré para disfrutar y conocer. Visité Santa Sofía, pagando de más para saltarme la cola, el gran bazar con todas sus imitaciones y por fin atravesé el Bósforo con la moto. En 1 km pasamos de Europa a Asia. ¡Tercer continente que pisa la Harley en menos de 4 meses! Qué escándalo salir de Estambul. No os asustéis, simplemente es un atasco, pero un atasco infinito con un sol abrasador. Cogí el ferry que me llevaría hasta Yalova, dirección Bursa. Entre los 45º que hacía y que así me ahorraría mayor atasco cogí el barco de 50 minutos y pocas liras turcas. Mi destino final (iluso de mí) era Troya, sí en dirección contraria que la ruta de la seda, pero qué se le va a hacer!

Hacia Yalova

Obviamente no llegué a Troya y según el sol iba cayendo parecía bastante más sensato dejar Troya para otra ocasión y marcar en el mapa la ciudad de Bérgama, antigua Pérgamo. Tampoco llegué. La noche estrellada se vino encima mío bajo una carretera estrecha, con burros y sus carros, tractores sin luces y un sin fin de curvas que en cualquier otra ocasión hubiese disfrutado. Pero no en ese momento. Como nos dijo un motero en Chefchaouen, los que visitan mucho en moto son los que no hacen tonterías. Así que me apeé en un camino y ahí puse mi tienda de campaña para visitar el día siguiente la gran ciudad romana de Pérgamo (bajo el sol abrasador).

Asklepion en Bérgama

Después de visitar todas las ruinas romanas de Pérgamo (Asklepion, Basílica roja y Acrópolis) me dispuse a bajar hacia Éfeso, pasando por Izmir, donde me compré otra GoPro porque sino sabía que me iba arrepentir (la anterior murió en su primera incursión marítima). Los precios igual que los de España, la suerte es que sólo les quedaba una GoPro, la de exposición, así que me hicieron un 10% de descuento. Para que os hagáis una idea, me he gastado más en esa cámara que en el resto de Turquía (incluyendo hoteles, comida y gasolina). Creía que iba a poder dormir en una playa que se ve en el vídeo, pero sacando la tienda vino la policía a echarme de allí. Las barbacoas no les importaba, pero la tienda sí. En fin. Al menos dormí en cama.

Hubo que sacarla de la arena

Al día siguiente, después de disfrutar de Éfeso, pongo rumbo a Pammukale, un destino que había visto en instagram. En la carretera, a un lado estaba Emer haciendo autostop. 5 horas llevaba. 43º marcaba el termómetro. Se quedó sorprendido que parase. Más sorprendido me quedé yo cuando le dije que montase mientras yo bebía agua y el montó por el lado derecho de la moto. Entre los pesos que ya lleva la moto, su mochila y su peso, la moto cedió. Me doy la vuelta y la veo en el suelo. Su cara de “la he cagado” me dio la risa floja. “Don’t worry my friend”. Así testeaba cuanto costaba levantar la moto y ya sé que no puedo yo sólo. El calor era infernal y nos dirijimos de Selcuk a Dezilmir, su ciudad, y por donde yo pasaría. 200 kms, que se hicieron eternos. Paramos 5 veces. Bebí unos 4 litros de agua y no tenía ni pizca de hambre. Emer me ofreció quedarme en su casa. Me ofreció comida. Me ofreció todo el agua del mundo. Varias veces entre los atascos tuvimos que parar a echar agua al motor de la moto, porque notaba como se calentaba mucho más que lo que debería.

Las Maldivas turcas

De ahí “visité” Pammukale, pero no entré, disfruté en una terraza con un helado y ya vendré en otro momento. Quería ir a un sitio que me indicó Emer que lo llamaban las Maldivas turcas. No os lo creáis al pie de la letra pese a ser bonito, pero lo podéis encontrar yendo al pueblo de Yeşilova, donde dormí para ya dirigirnos a la Capadocia. Podéis ver en el siguiente video todo lo descrito hasta ahora.

En Capadocia, si vais, no hace falta que os alojéis en Goreme, es más barato y con más cosas Nevşehir, donde yo encontré el Hotel Seven Brothers, a las 11 de la noche después de una paliza de casi 500 kms. Siempre igual, como decía aquella canción de Los Suaves. Y qué deciros de Capadocia. Es impresionante, y pese a que pensé que lo de los globos era una tonteria, levantarse a las 4 de la mañana para verlos despegar te deja la boca abierta. Por cierto, así como consejo. Cuidado cuando vayáis a una peluquería y no habléis el idioma! Ahora sabréis porqué lo digo.

Antes de dejaros con el video, permitidme recordaros que el viaje es solidario y me gustaría que participáseis. Venga que sólo son 5 € hasta lo que vosotros queráis y en dos días hago el sorteo para la camiseta de Azerbaiyán de Harley Davidson. Toda la info aquí.

Un comentario sobre “Parte Otomana de Turquía

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  1. Impresionante. Una envidia tremenda… no ya por el hecho de no tener una HD para hacerlo, sino q ha otra razón más “natural” por la q no puedo vivir esa misma aventura en solitario… o podría, pero con mayores riesgos 😅

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