Mis personas amarillas

He leído durante el viaje que estoy haciendo un libro de Albert Espinosa, El mundo amarillo. El libro me ha encantado. Habla sobre toda la etapa que pasó en el hospital superando el cáncer que le surgió con 14 años. Pero no a nivel de autoayuda o algo similar. No. Te introduce el concepto de las personas amarillas, como él las denomina, a través de las vivencias surgidas en el hospital te va poco a poco explicando quienes son esas personas, cuál es su significado. Os aconsejo el libro.

Sin embargo tengo que utilizar mi propio concepto de personas amarillas. Para mí esas personas son aquellas que pasan ligeramente por tu vida para transformártela. Basta una conversación de un día y cogerlas cariño y recordarlas por mucho mucho tiempo. Digamos que para mí esas personas amarillas son confidentes efímeros.

Así que aquí, quiero hacer un homenaje a todas esas personas que se han cruzado en mi camino y me han ayudado en uno u otro aspecto, pero no de una manera material, sino a través de conversaciones que han sido más profundas de lo esperado.

El primero de esta lista es Michel. Él es un luxemburgués que contacté a través de couchsurfing para ver si podría alojarme en su casa. No podía ese día pero me invitó a pasarme a saludarle al día siguiente. Algo que iba a ser de 5 minutos se transformó en unas horas donde me preparó hasta la comida aliñada con cervezas. Él tiene entrados los 60 y me contaba qué era para él la vida. Me dejó con una sonrisa que todavía perdura cuando recuerdo esa tarde.

Frank y Katerine es una pareja checa que fueron las primeras personas que alojé en couchsurfing. Básicamente fueron los que me dieron la visibilidad para viajar. Venían para dos noches después de dar la vuelta al mundo en moto durante dos años, pero terminaron quedándose algo más de una semana. Me di cuenta que todo lo que se necesita para viajar son ganas. Hablamos de muchos más temas, y muchas conversaciones me las guardo. Luego les visité, en mi viaje a Nordkapp, di vueltas pero me apetecía verles. De nuevo aparecieron buenas conversaciones.††

Pablo, como se hace llamar este uzbeko enamorado del castellano. Era el recepcionista del hotel Stanpoli en Estambul. Hablamos al llegar y al día siguiente se ofreció a enseñarme la ciudad. Poco a poco las conversaciones se hicieron más íntimas y con una cerveza bajo el puente (uno de ellos) de la ciudad otomana, hablamos de la vida, de lo difícil que lo tiene por ser uzbeko y de las ganas que tiene de viajar y aprender más y más.

Oliko se quedó en mi casa con su amiga Salome. Venía de Georgia y de nuevo iban para un par de noches y se quedaron alguna más. Hablamos de muchas cosas en un momento jodidillo de mi vida. Nos quedamos hasta tarde aún sabiendo que al día siguiente me tocaba madrugar. No importaba. No nos dábamos ni cuenta de la hora que era. En el viaje de la ruta de la seda pasaré yo a ser huésped suyo.

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