Kurdistán turco

Me noto sediento y va siendo hora de ponerse al lío y beber del río que hay en tu mirar.

Sinkope

Una moneda al aire. Sí. Al despertarme para ir a ver el despegar de los globos aeroestáticos en la Capadocia, tenía claro que ya me dirigía hacia el norte, hacia Samsun, para entrar por la frontera de Batumi en un par de días. Sin embargo, mientras estaba observando los globos apareció una familia de lo más pintoresca. Ella francesa, su marido turco y su hijo alemán. Los tres me dijeron que ya que estaba aquí debería bajar al sur, a la zona conocida como Hatay, donde, como ellos comentaban, empezó toda la cultura cristiana. Lo primero que les dije es que si era peligroso. Estaría en una zona pegada a Siria, donde el Ministerio de Exteriores de España, no sólo desaconseja acudir, sino que no te da asistencia en caso de incidente. Y eso, cuando lo lees, acojona.

Volví al hotel para echarme una siesta antes de partir hacia todavía no sabía donde. Me había entrado el gusanillo con lo que me habían dicho por la mañana en Capadocia, pero sinceramente, tenía miedo. Tocó ya bajar las cosas a la moto y allí, en la recepción del hotel me encontré con un profesor de Universidad, que estaba en la ciudad en un congreso. Por fin pude hablar inglés, él había estado 4 años viviendo en EEUU. Me aconsejó encarecidamente bajar al Kurdistán, para conocer aquella cultura. Le dije que delante de él iba a tirar una moneda al aire y que cara (o cruz) era norte y lo otro sur. El destino, y la suerte, hicieron que saliera sur, así que si la moneda lo dice, para allá que vamos. Eran más de 500 kms de recorrido hasta Antioquía, pero sé que merecería la pena. Enfocamos la autopista (merece la pena porque las carreteras se meten en los pueblos y con los semáforos la Harley se calentaba mucho) y ponemos primer rumbo a Adana, donde esta vez pude grabar lo que me suele pasar en las gasolineras, y en general en cualquier sitio que paro en Turquía.

En Adana, ya cogí una carretera en vez de la autopista, principalmente porque quería ir a un punto que me llamaba la atención. El punto más al noreste del Mediterráneo. Dörtyol. Como publiqué en Instagram, una mezcla rara de sentimientos, ya que ese mismo agua bañaba España también. Me sentí un pelín más cerca de casa. Casi olía a tortilla de patatas y a croquetas recién hechas.

La llegada a Antioquía se hizo pesada. Pasé varios controles militares que antojaban lo peor. Al salir de Alejandreta te encaminas a una cadena montañosa con pendientes del 12% con lo que eso supone para los camiones. Pero lo peor estaba al llegar a la cima. El viento que me acompañó toda la bajada hacía que la moto se moviese demasiado. En algún punto me arrastró más de un metro, lo que hizo que yo mismo pusiese los intermitentes y fuese a menos de 20 kms por hora. No quería ni debo arriesgar lo más mínimo. El viento no cambió en ningún momento en el valle de Hatay. Para que os hagáis una idea Antioquía está entre dos cadenas montañosas, la primera es la que lo separa del Mediterráneo y la segunda la que lo separa de Siria.

Llegamos ya Antioquía y aquí fue el hotel más caro que pagué en toda Turquía, 200 liras turcas. Me hicieron precio especial al contarles mi historia. Antioquía es la ciudad llamada de la tolerancia. Conviven desde tiempos inmemoriales musulmanes, cristianos y judíos. De hecho, aquí fue donde mayor “libertad” vi en la gente incluso saludé a uno con una camiseta de RadioHead, me hizo gracia. ¡A la mañana siguiente me encontré que estaban haciendo fotos a mi moto! Pronto supe que se trataba de españoles. Ella (no voy a decir su nombre porque sé que le gustará el anonimato) estaba chequeando que el cargamento de medicinas que habían conseguido a través de donaciones en España llegaba correctamente a Siria. También había otras dos españolas que estaban haciendo lo mismo pero con 15.000€ en harina. Las historias que te contaban te encogían el pecho. De allí ya nos fuimos a visitar la iglesia considerada más antigua de la historia, San Pedro que podéis ver en la primera parte del video.

Subimos lo más pegado a la frontera siria que pudimos (menos de 200 metros) con el viento insoportable que hacía la conducción peligrosa. Algún camión y tanqueta pintada de blanco con UN en su costado. Y controles militares. Muchos. Por lo demás… te contaba la gente que toda esa zona fue bombardeada, que construyeron la valla y que antes de entrar el estado islámico, el propio gobierno disparaba con francotiradores a todos aquellos que quería salir. Luego vino el estado islámico y ya no se sabe quién fue peor. Pero es una atrocidad lo que hicieron, lo que hacen y lo desinformados que estamos en occidente.

Se empezaba a hacer de noche, y me tocaba buscar sitio y lo más cercano que parecía sería Gaziantep. Después de desviarme hacia la ciudad (en fin de semana) y entrar por un polígono industrial que no me daba ninguna seguridad, pasé una hora y media hasta poder ver un hotel, que de malas formas sin poder casi bajarme de la moto me dijeron que no había sitio. Literalmente no podía más, creo que fue de los días que más cansado anduve ese y el siguiente, y me dirigí de nuevo hacia la autopista para en la primera área de servicio sacar el colchón y dormir directamente allí.

El día siguiente amanecí a las 4/5 de la mañana y estaba en medio de la estepa, pretendiendo llegar hasta Van. Ese día alcancé los 48 grados centígrados en la carretera, pero lo mejor fue al parar a comer y preguntarle al dueño del kebab si podría echarme en la mesa del fondo a descansar un poco, a lo que respondió sacándome una especie de colchoneta y poniéndome en google translator que si quería ir a su casa a dormir. No me termino de acostumbrar a la amabilidad de este país. Ya por la tarde empezamos a encarar las montañas y pasamos de los 48 grados a puntos donde hacía 8 grados. Ya estábamos en el verdadero Kurdistán.

El lago salado en Van, nos dió muchos ánimos en el viaje. Era un azul cristalino, que en algunos momentos parecía blanco. Ese día quería llegar hasta los pies del monte Ararat. Tomé mi último Adana Kebab en el borde del lago y ya sólo quedaban pocos kilómetros (300 + 120 de la mañana), y llegamos a Doğubayazıt, a los pies del monte Ararat. El monte más alto de Turquía y donde la Biblia sitúa el Arca de Noé. Esta ciudad y Igdir, son las más desanconsejables (en las guías y por el resto de Turquía) de visitar del Kurdistán. Como siempre, yo no tuve ningún problema, más allá de los varios controles militares.

Ya quedaba poco para llegar a Georgia, y pese a que el sentido común me decía que no llegase ese día, también es el menos común de los sentidos, es más, en muchas ocasiones creo que yo, ni lo tengo. Así que decidí tirar hasta Georgia pasando por puntos desérticos de gente alcanzando en un tramo los 4 grados centígrados y sólo esta vez en un sitio, sí que pasé miedo… Cómo cruzamos a Georgia os lo cuento en el próximo episodio. Os dejo con la segunda parte del video.

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