Crónica en la revista Motoviajeros

Buenas amigos, tan sólo comentaros que en la revista Motoviajeros se han hecho eco de mi viaje a Nordkapp, gracias a Quique Arenas.

El artículo en cuestión os lo muestro aquí, aunque os recomiendo la revista pues está muy bien editada con las fotos incluidas:

Cuatro años atrás, después de unas cervezas, mi amigo Ares y yo vimos que había gente que hacía Madrid – Nordkapp ida y vuelta en menos del tiempo que nos suelen dar de vacaciones de verano en las empresas. Abrimos un grupo de Whatsapp y empezamos a poner información, y chistes, muchos chistes, pero nunca se nos olvidó el hacernos ese viaje los dos juntos. Pasaron dos años y recibí una llamada “Ato, tengo cáncer”, “pero… ¿es de los jodidos?” le contesté, y parecía que no, pero sí.

Hace un año, a través de Couchsurfing, se quedaron en mi casa durante casi una semana mis amigos checos que venían de dar la vuelta al mundo en su GS 1150. Habían estado viajando casi dos años y ya regresaban a casa. Sus historias, sus fotos, sus anécdotas… me dejaron fascinado, y me pregunté si ellos pueden, ¿por qué no yo? La idea no terminaba de irse de mi cabeza, coger la moto y salir sin mucho rumbo y sinfecha de vuelta.

Después de toda la lucha Ares empezó a mejorar, pero no lo suficiente para que se viniese conmigo, así que íbamos a dejar que el viaje lo empezase yo sólo y luego él se uniría en algún punto. Empecé a leer libros de aventuras moteras, ver vídeos, literatura, cómo me iba a sentir o qué llevar. Venía de una vida acomodada de traje y corbata diarios, con buen salario a final de mes. ¿Me atrevería a dar el paso? ¿Me atrevería a buscar mi felicidad?

Quería eso, buscar mi felicidad, encontrarme a mí mismo, y aunque parezca raro, dar el paso para encontrarse a uno mismo es más difícil de lo que pueda parecer, la mayoría creo que estamos “acojonados” de saber quién somos. Comencé por ahorrar, aprovisionarme de mapas, tienda de campaña, aprender a arreglar los problemas en la moto y claro, a comunicar a todos que me iba de viaje sin saber muy bien cuando volvería. Plan inicial Madrid – Nordkapp – Atenas…

La mayoría de motoviajeros han subido a Nordkapp en algún momento, seguramente muchos de vosotros habéis subido. Sin embargo, no era común leer aventuras dentro del viejo continente sino más bien, viajes. Y yo… yo había leído mucho sobre vueltas al mundo, cruzar África, atravesar India… pero me preguntaba por qué no había aventureros que se conformasen con Europa. En mis pensamientos, creía que Europa era un sitio que tiene mil personas y culturas que descubrir, y que quería descubrirlos. Pronto me di cuenta que en Europa no eres un viajero, eres turista, y como turista (casi) todo se compra y se vende por dinero.

Ahorré lo suficiente, me di cuenta de lo afortunado que era por poder hacer este viaje, pero siempre creí que si la gente conseguía patrocinadores, algo podría hacer yo también, no para mí sino para algo mucho más especial. Más o menos un mes antes de comenzar, a mi madre le detectan cáncer, a tiempo y ya curado. No me lo podía creer… Había ya enseñado a todo el mundo mi idea de viaje y había captado la atención como para atreverme a pedir que si me ayudarían a recaudar fondos para la investigación contra el cáncer. Mi amigo Sportsman llevaba tiempo en la asociación Rodando Contra el Cáncer, así que le dije que iba a conseguir dinero para que ellos lo pudieran destinar a la investigación. 1ct€ por kilómetro donde se sumaron, amigos, desconocidos y mi antigua empresa Nalba (con 10 ct€/km).

Comencé un 3 de agosto, la Harley cargada hasta arriba, más de la mitad eran herramientas, comida y todo lo de acampada. De ropa, ¡con 10 camisetas puedes hacer magia! Me despidieron mis padres con lágrimas en los ojos en Burgos y empecé con muchísima ilusión, con mucha energía y muchas sonrisas. Poco a poco fue entrando el bajón. Había leído mucho sobre viajeros, gente que me pararía para mantener una conversación o preguntarme qué tal, gente que me acogería… Me rechazaban en Couchsurfing por viajar sólo, la gente no me preguntaba mucho ni siquiera cuando pedía indicaciones, concesionarios que no me daban ni los buenos días… Todo eso cambió en Bélgica donde de la nada unos moteros que me vieron perdido en fin de semana sin hoteles, ni campings libres, tardaron 5 minutos en decirme que me fuese con ellos a su casa.

Siguió un poco el bajón y toqué fondo en Alemania, donde entendí que el cabreo que llevaba encima, las preguntas que me hacía de ¿qué hago yo aquí?, era lo que andaba buscando, de repente me conocí, supe que toda mi vida había sido impaciente y que el viaje me estaba enseñando a aceptar las cosas tal y como venían, a entender la vida. A partir de ese momento conocí a mucha más gente, pero sobre todo me conocí a mí.

Noruega es otro mundo para los moteros. Carreteras de ensueño, fiordos, agua, lluvia y naturaleza allá donde vayas. Hice check en la Trollstigen y en la Atlantic Road, para llegar un día que salí a las 5 de la mañana al barco en Bodø que me acercaría a las Lofoten. Ese día dormí en los baños de una gasolinera que abría a la misma hora que partí de allí. Estaba orgulloso, había cruzado el círculo polar ártico un mes y pico después de salir del calor de Madrid. Había llegado a ese barco, en el que dos horas después de zarpar, volvía a coger cobertura para que me llegase el fatídico mensaje de que mi amigo Ares, después de luchar y teóricamente haberse recuperado, fallecía a causa de un virus.

Se me echó el mundo encima. A la vuelta ya no estaría él, ya no terminaríamos el viaje juntos. Pero antes de salir me dijo, pase lo que pase llega a Cabo Norte. Me repuse como pude cuando una llamada tres días después me volvía a traer pesadillas. Otra persona cercana fallecía. Estaba a 300 kms de Tromsø, el aeropuerto más cercano, y no dudé en cogerme el primer vuelo de la mañana, dejar la Harley allí aparcada y volver a por ella en unos días. Estaba completamente desubicado.

8 bajo cero, la moto a la intemperie y yo aterrizando a las 11 de la noche de vuelta en Tromsø. Ahora sí, ahora llegaría a Cabo Norte, 15 días después el tiempo ha cambiado radicalmente. Me quedan unos 550 kms para llegar, y las carreteras están heladas, el sol sale, realmente, unas 4 horas al día, el resto no calienta. Y entre esas carreteras me encuentro a 20 kms de Nordkapp, con pendientes del 9% y 12% y completamente heladas. Una moto de 500 kgs, neumáticos de carretera y hielo, no son la mejor combinación. Más de 2 meses después de salir de Madrid y estoy a 20 kms, la moto atravesada orientándose a un acantilado y el suelo impracticable ni siquiera para andar. Consigo, con ayuda, dar marcha atrás y por mis narices yo llego a Nordkapp, aunque sea en coche. Dicho y hecho.

La vuelta transcurre por días de 17 bajo cero de sensación térmica, paisajes otoñales que quitan el hipo y descubriendo nuevas culturas y carreteras. En Austria tomo la decisión de volver para España cruzando el Stelvio y el Adriático, Grecia y Turquía quedarán para otra ocasión. Casi 3 meses, más de 3.000€ recaudados, 16.000kms, unos neumáticos (¡sólo!) y muchos nuevos amigos. Para mí Europa sí que ha sido una aventura, porque las aventuras las hace uno mismo. Lo peor es no tener a esas dos personas a quien contarles mi aventura.

Ahora toca reponerse y adecuarme de nuevo, y no es fácil. Quiero escribir un libro, terminar el blog y nuevas aventuras: comprar una moto en el sudeste asiático y volver con ella, cruzar Mongolia en Harley… será por planes…

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