1º Episodio – 11ª Etapa. Haarlem – Bad Nieuweschans

Harto de estar tan sólo, rodeado de mucha gente.

Rulo

16 y 17 de agosto

Canción de la etapa: Tu voz – Lena Carrilero

Kilometraje 361 (3.668 en total)

Mapa.png

Ruta: Aquí

Gastos: De nuevo los tengo que chequear…(sorry)

Horas: 11 horas. Salida a las 9:00 y llegada a las 20:00

Como el día anterior me levanté en casa de Loyola y Lukas y me fui con los pequeños caninos y Lukas a dar un paseo matutino. Me ha confesado Lukas que desde que tienen perros, ha adelgazado sin darse cuenta y que esto les hace ser mucho más activos. La verdad es que es para pensárselo. Como les confieso que no he escrito nada del blog y que tan sólo, que es mucho, he descansado me ofrecen quedarme más días, en realidad y palabras textuales, ¡quédate los días que quieras! Pese a que el ofrecimiento me tienta, tengo que seguir. Tengo un objetivo y chequeando el tiempo en Nordkapp, está empezando a realmente refrescar en aquellos lares. Después del paseo matutino, me pego una ducha rápida y comienzo a recoger las cosas. De nuevo toca enfundarse la ropa motera aunque confieso me había acostumbrado en un día a moverme con vaqueros. Tras una despedida fugaz nos damos cuenta que no tenemos ninguna foto y antes de que Loyola se vaya al trabajo nos hacemos la foto de rigor. ¡Faltaría más!

Me acompaña Lukas con mis enseres a la moto y me ayuda a cargarla. Ellos tenían más miedo que yo de dejar la moto en la calle, pero la verdad es que yo no tenía ningún miedo en absoluto. El viajar con una Harley parece que da a amigos de lo ajeno cierto respeto, y he de confesar que ni en Madrid la pongo cadena. Comparada con otras motos, creo que con lo que pesa alguien acostumbrado a motos “normales” no podría ni con ella. Estando tan cerca, debía ir a Amsterdam. Ya he estado allí en un par de ocasiones pero… ¡no con la moto! Así que decido emprender la marcha hacía las famosas letras de Amsterdam teniendo claro que mi siguiente destino será el puente/presa que se ganó al mar, justamente el que une las localidades de Den Oevery Cornwerd.

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En la salida de Amsterdam me doy cuenta de que llevo varios días sin escribir, de hecho, el plan era haber escrito en casa de Loyola y Lukas, así que en un café (que me apetecía) decido parar y ponerme un poco con ello, en lo que defino también la ruta a seguir durante el día, que como ya venía rumiando sería atravesando el mar. No tenía claro donde quería o iría a dormir, sólo sabía que estaba destrozado. ¿No os ha pasado que hay días que estáis extremadamente cansados y tras poder descansar os levantáis aún peor? Pues algo así me ha pasado. Estas dos noches he dormido estupendamente, pero supongo que es como que mi cuerpo se ha relajado. Me pasaba en mis años de consultoría que era capaz de trabajar 18 horas seguidas, durmiendo apenas 4 horas, y no perdía un ápice de capacidad, sin embargo cuando tocabas la cama sin ningún estrés, todo tu cuerpo reseteaba y te levantabas tremendamente cansado, como si de una paliza se tratase. Pues algo así me pasaba. Paro a echar gasolina, de momento el país más caro hasta la fecha, y son aproximadamente la 1 de la tarde, así que en los puestos de la gasolinera aprovecho y me cojo una baguette rellena de tortilla francesa con bacon, justo antes de entrar en la presa. Todavía no lo sé, pero la comida de las gasolineras se convertirá en un gran aliado en las siguientes etapas. Comida caliente, no está mal de sabor, y no me parece excesivamente cara, sobre todo después de haber acudido al baño que cuesta unos 50 céntimos pero que te ofrece esos 50 céntimos como un ticket descuento para compras en la tienda, no en gasolina. Procedimiento que se va repitiendo por muchos más países. Con el campo que tienen, pienso.

en presa1.png
Primera foto en Breezanddijk de mi book particular en dicho lugar

De camino a la presa nos tenemos que parar pues hay un barco que está cruzando y aquí, como por el resto de Holanda y durante el resto de los países que quedan, existen los puentes elevadizos que como si de la Edad Media se tratase, se abren para dar paso a los barcos. Esos minutos de espera justo antes de entrar, me hacen sentirme como si de un pitlane se tratase. Había leído cosas sobre esta ruta y me la habían recomendado por el camino así que las ganas se estaban apoderando de mí. En mitad de los 34 kilómetros que separan ambas localidades sabía que hay un sitio para parar, hacer fotos, repostar e incluso un camping, así que ese sitio sería el indicado para parar. Llego al sitio, de nombre impronunciable, Breezanddijk, y mi lado de la carretera “daba” a Holanda, pero quería comparar con la vista al Atlántico. Por suerte hay un puente que cruza la carretera y allá que me dirijo, con un mirador. Paro, ando apenas unos minutos y hay un camino de tierra que baja hasta una especie de muelle que tienen preparado. El tiempo no acompaña, lluvias intermitentes, pero no puedo dejar de intentarlo, así que allí me dirijo, y me hago lo que se dice un autobook fotográfico. No sabía muy bien cuando irme, me sentía muy a gusto en ese lugar tétrico. No había nada ni nadie. La inmensidad del mar.

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Tiempo de partir, esta vez sin ganas. Estaba muy a gusto y a la vez estaba muy cansado. La moto me pesaba una barbaridad, y el ponerla de pie era digno de ejercicio de gimnasio. Me digo a mi mismo que hasta Groningen y ahí decidiría qué hacer. No tardamos mucho en llegar, pese a que el camino por autovías se me hacía muy pesado, con mucho viento, con lluvia, y por autovía. No quería tener que entrar en Groningen sin destino claro, así que antes de coger la carretera de circunvalación, me paro en una estación de servicio y me pongo a pensar sobre qué quiero, y sobre todo dónde quiero llegar. Buscando por internet encuentro un camping, del que no hablan maravillas, pero dicen que es muy barato. Son las 7 de la tarde y me da miedo que al llegar esté cerrado, así que encuentro un número de teléfono y consigo hablar con la gente que lleva el camping municipal de Bad Nieuweschans. Llego pasada una hora aproximadamente y en el camping no hay nadie en recepción, que ni lo era, sino más bien una pequeña cabaña. Tras hablar con la pareja que lo lleva me comentan que creía que era un “biker” de bicicleta, y que me estaban esperando para eso de las 12 de la noche, no tan pronto! Nos reímos, y pregunto por un supermercado. 6,5€ la noche, moto+parcela+adulto, y que me ponga donde quiera. Al ver que internet funciona bien decido ponerme justo detrás de la cabaña de recepción y ya anocheciendo me preparo a poner la tienda. Con todo ello, y sin peso en la moto me acerco al supermercado y en el paseo me encuentro un pueblo con un encanto especial. No puedo decir que fuese bonito, pues no tenía nada, pero sí que daba paz. Está situado literalmente en la frontera con Alemania. Literalmente. Me encuentro fuet, panceta, pan… ¡Menudo chollo de super! Esta noche cenaré panceta… me suenan las tripas sólo de pensarlo.

Panceta.png
Un manjar a estas alturas

Me despierto tras haberme podido dormir viendo unos videos de youtube, gracias al internet del camping, que me hicieron la noche más amena, pese a la lluvia. Son las 6 de la mañana y me doy cuenta que los baños son compartidos con los baños del equipo de futbol local, que tiene justo detrás de donde yo he puesto la tienda, dos hermosos campos de fútbol. Empiezo a pensar, a meditar y a decidir que me voy a quedar una noche más allí. Visito la zona, descanso, me veo algo en el ordenador y vuelvo a descansar. ¡Decidido! Espero a las 9 para encontrarme el super abierto y comprar leche y algo de bollería y me atiende la misma chica que me atendió la noche anterior y que se quedó impresionada con la moto. Me comenta que hay una concentración motera en Alemania de un grupo pequeño y que la cerveza cuesta 1 € que me acerque. Me apunta en un papel el nombre de la concentración, su nombre y su número de teléfono y me ofrece a llevarme junto con su novio.

 

Jemgum.png
¡Al final por la tarde fui!

Me vuelvo a tirar un rato en la tienda, y no veáis ¡qué bien sienta no hacer nada de vez en cuando! Decido visitar Alemania la pequeña desembocadura del río Westerwoldse, donde me encuentro con una pareja de señores que se acercan. Él es poseedor de una Harley de 1940, de la guerra, que se quedó aquí y fue parte de la herencia de la familia de unos a otros. Le propongo cambiársela, y con una sonrisa no acepta. ¡Lástima! Estoy un buen rato de charla con ellos hasta que decido ponerme en camino. Hoy iba con vaqueros y con una sudadera… ¡Qué a gusto!

Por la tarde decido ir a Jemgum, a la concentración del club motero de la zona, y me tratan estupendamente pese a las dificultades del idioma. En 10 kms, he pasado de tratar con gente bilingüe a que cueste la comunicación. Un par de cervezas acompañadas de un par de salchichas alemanas y una conversación con unos británicos que llevan 20 años viniendo a la concentración. Británicos que no me dejan invitarles a una cerveza porque me confiesa que si invito a uno, me van a salir muchos amigos y que guarde el dinero para gasolina. Me da un parche de su club, le doy una pegatina del KMZ que me dio Gato en Madrid, y no tardo en irme pronto al saco.

Mañana será otro día, y mañana esperaba hacer más kilómetros… ¿se cumplirá? ¡Sígueme en esta aventura y lo vemos!

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