1º Episodio – 9ª Etapa. Dunkerque – Brujas

No prometas feliz, no respondas enfadado
Ni decidas con el día gris
Perdona rápido, agradece lento
Quiere de verdad contento
Y nunca dejes que no te vean reír

Rayden

13 de Agosto

Canción de la etapa: A mí yo de ayer – Rayden

Kilometraje: 132 (2.998)

mapa

Ruta: Aquí

Gastos: De nuevo los tengo que chequear…(sorry)

Horas: 5 horas. Salida a las 12:00 y llegada a las 17:00

Por fin he dormido estupendamente. Llevaba meses sin dormir del tirón, y esta vez en el hotel de Dunkerque (Loon-Plage en realidad) lo consigo. Me había dicho a mi mismo que me despertaría medianamente pronto para poder escribir el blog, pero mis ojos no se despiertan hasta las 11, así que una ducha rápida y a recoger todo para ponerlo en la moto. El día parece oscuro desde la ventana. El tiempo de aquí, por lo que no me preocupa. Ya en el día de ayer terminé con lluvia la etapa y tan sólo tienes que ir con un poco más de precaución. Nada más. Bajo con los bártulos a la moto, cojo un café de máquina, que me sabe a gloria. En los próximos 5 minutos, cae una tromba de agua. Me toca refugiarme con los bártulos y esperar. Mojarme, por mojarme… ¡Pues no! Escampa pasada una media hora y ya había decidido al levantarme que UK se quedaba para otro momento. Hoy sería el destino de Amberes, pasando por Brujas y por Gante. Como veréis a continuación me quedo directamente en Brujas. Era demasiado bonito como para dejarlo pasar.

Tendido electrico
Pues me quedó bien la foto, en la búsqueda del camino correcto

Quiero ver Dunkerque. Debe ser bonito después de su historia en la Segunda Guerra Mundial, pero me trato de guiar por mi mismo. Veo que me estoy dirigiendo hacia Calais, dirección opuesta… Arggg GPS on. Llego a Dunkerque y ya es hora de comer, así que en un centro comercial aprovecho y como un McDonalds. De momento no sé donde se esconde esa ciudad que me había imaginado. Voy al puerto, y deseo encontrármela allí. Lástima, no hay nada de aquello que mi imaginación sonaba. De allí me dirijo al museo de la Operación Dynamo. A ver si en aquel sitio encontraba mi ansiada pegatina, pero nada. Tan sólo boinas de todos los colores, en un Bunker flanqueado por dos cañones, que de poco les sirvieron en 1940.

Dunkeque.png
Puerto de Dunkerque

Prosigo la marcha queriendo ver ya la costa, me hace ilusión ver a la Harley en el borde del mar. Lo encuentro por fin en Middelkerke, donde hace un viento horroroso, y donde llevo compartiendo bastantes kilómetros con el tren que va por toda la costa Belga. Lo consigo, el viento es horroroso, y veo bandera verde. Hay muchos kitesurfistas en la zona, y no me extraña. Deben disfrutar de lo lindo en aquellas playas. La moto se me llena de arena, la cual todavía tiene y me refugio con la propia moto para chequear las redes sociales.

Playa.png
La pequeña viendo la playa, otra playa, en otro país. ¡No le cojas gusto!

Ya me encuentro cerca de Brujas, y la llegada discurre por carreteras que no debí haber elegido. Tanto en el norte de Bélgica como en Holanda, la regla de nada de autovías me la tengo que saltar, pero por mi propia seguridad. No deja de haber edificios, casas, radares. Todo el camino discurre con señales de prohibido 30, prohibido 50, prohibido 30… Y así es absurdo, no hay nada más que una recta y entre las bicicletas, los coches y los radares, es bastante absurdo mantenerme en ellas. Llego a Brujas a eso de las 5 y ya sabía que en el albergue de la ciudad hay sitio, así que en mi cabeza comienza a rondar la idea de parar aquí, ya que en Amberes no había sitio. Me dolía el cuerpo, y creo que es por haber dormido tan bien. Pongo en el GPS la dirección del centro de la ciudad y pasear con tu moto por un auténtico patrimonio de la UNESCO hace que dentro del casco se ponga una sonrisa que me dice a mi mismo, aquí te quedas hoy.

Brujas
Brujas

Doy una vuelta por la ciudad, sin todavía pisar el albergue. Me han entrado ganas de un crêppe de nutella. Me huele la ciudad a ello, pero desgraciadamente no lo encuentro. Veo una tienda de souvenirs, y entro para que no se me escape la pegatina de Bélgica. Cual es mi sorpresa, que tienen pegatinas de casi todos los países y me hago con la de Francia (por fin), Bélgica y Holanda (por si acaso). Y me dirijo donde había aparcado la moto cuando llega mi sorpresa y hay una Harley Ultra aparcada junto a la mía, completamente aerografiada. Chequeo la matrícula… RUSIA! Ojalá aparezcan y podamos charlar un rato. Y efectivamente aparece Alex, habla perfecto inglés, y me extraña. Había estado en Moscú con Miriam, y nadie habla inglés allí. Es verdad que tiene un acento muy italiano, y sus gestos le delatan. Se dirigen hacia España, a Marbella, él y un compañero con una BMW, al que le acompaña una mujer, que me confiesa no es su mujer, riéndose. Hablando de viajes me comenta que el año pasado estuvieron en Italia y que tuvo que cambiar el motor de arranque, y que consiguió buen precio porque habla italiano. (Es italiano seguro). Son de St Petesburgo y me comentan que me pase por allí que tengo las puertas de su casa abiertas, y que los Harley Days de St Petesburgo son los mejores de la zona, y que merecen la pena. Su moto tiene 160.000 kms, y tan tranquila, para los que dicen que las Harleys se rompen. Hoy quieren dormir en mitad de Francia, y al día siguiente en San Sebastián. Abre la maleta y le ofrece a la mujer un chupito de whisky, al cual le da un buen lingotazo. Ellos no beben, me dicen que tuvieron suficiente la noche anterior en Amsterdam, y que no beben en la moto, que beben al “russian style” cuando aparcan. Miedo me dan en Marbella.

Alex.png
Have a good ride Alex!

Me dirijo al albergue, y antes de poner las sábanas en mi litera de arriba (la única que queda libre) me pego una buena ducha, con la cara de felicidad que no se me ha quitado en todo el camino de Brujas, y pensando lo locos que están los rusos. Charlo un rato con un Uruguayo actor, que se llama Agustín, y está recorriendo Europa con el dinero que consigue del alquiler de su piso en Montevideo. Una vuelta a la ciudad buscando cena, y para disfrutarla. Se va el sol, y el frío aprieta. Aprieta hasta el punto de desear meterme en la cama, con manta, con calor, aunque allí tenga que compartir habitación con un auténtico oso de los ronquidos.

Os lo cuento mañana.

 

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