Hasta siempre, amigo

¿Sabes qué encuentro interesante? Si pierdes a tu cónyuge te llaman viuda o viudo, si eres un niño y pierdes a tus padres, entonces eres un huérfano. ¿Pero qué termino se utiliza para describir al progenitor que pierde a un hijo? Supongo que es demasiado horrible para tener un nombre.

A dos metros bajo tierra

¿Cómo empiezo a escribir lo que nunca he querido escribir?

¿Cómo empiezo a despedirte, si ni siquiera de nuestras cabezas podrás estar ausente?

¿Cómo te digo hasta siempre?

Empezaré con una frase que desgraciadamente me tuve que grabar hace ya unos años. Tú lo sabes bien, porque te conocí en aquella época. Los amigos no mueren, sólo se entierran. Ya he pasado por esto y no es fácil reconciliarse con la vida después de que esta te arrebate a personas como tú. Una vez hablamos de qué haríamos si algo de esto pasaba, mucho antes de que a ti te dijeran que tenías cáncer. Me acuerdo que, entre risas como siempre, nos dijimos que nada de lágrimas, que cerveza y risas. Y como decías cuando pensamos en venirnos a Nordkapp juntos… “y reírnos porque sí”. Y es que eso amigo, te hacía único. Ningún día te he visto sin reírte. En tus peores momentos de la quimio cuando te llamaba y preguntaba qué tal, siempre me respondías “pues aquí, con cáncer” y empezábamos a reírnos. Nunca ha importado cual era el problema, siempre terminábamos haciendo chistes negros y sin parar de reír.

Gracias Ares.

Gracias por haberte cruzado en mi camino. Gracias por ser un verdadero amigo, que como tú siempre decías la diferencia está en que el conocido te dice lo que quieres oír, y el amigo te dice lo que no quieres oír. Gracias por haber estado siempre ahí cuando lo he necesitado. Gracias por sacarme una sonrisa, cuando todo estaba gris. Gracias por esas noches que empezaron en cerveza y terminaron en churros. Gracias por los kilómetros juntos. Gracias por las confesiones hechas por ti hacía mi, y de mi hacia ti. Gracias por haber luchado hasta el final, porque aunque tu cuerpo haya dicho basta, todos sabemos que tu cabeza nunca se rindió. Gracias por dejarme verte antes de partir, pues sé perfectamente que no has querido que nadie te viese este tiempo. Gracias porque no han pasado dos días sin hablar por teléfono. Gracias por no haber dejado de tener planes de futuro, y porque nunca se te pasó por la cabeza que este sería tu final. Gracias porque sé que siempre has confiado en mí, ciegamente. Gracias en definitiva por ser tú.

Te voy a echar de menos

Ares, puede que tú seas la única persona que has sabido desde el minuto uno mis planes en este viaje que emprendí. Puede que tú seas la única persona que me entendió por qué lo necesitaba y porque nunca me dijo que tuviera cuidado, me dijiste que disfrutase y lo apuntase todo para venir contigo. Porque ese siempre había sido el plan. Te ibas a Torre del Mar después de que te dijeran que no había trazas de cáncer en tu cuerpo. Disfrutabas un poco, te hacían una revisión a finales de agosto y nos veríamos por el camino. Maldito virus, bacteria o lo que sea que te ha comido por dentro. Maldito todo. Tú, que tras haberte convertido en un pelón, conseguiste sacarte el cáncer de tu cuerpo. Tú que me llamaste eufórico aquel lunes a las 11:03 para decirme no hay trazas de cáncer. Me meten en aislamiento, me resetean y como nuevo. Sólo me queda un consuelo, y es que por fin puedas descansar después de este tiempo tan duro, en el que me llamabas para decirme, llevo 2 días sin poder dormir.

Y sabes que para mi eres especial.

Te conocí de casualidad, y de casualidad congeniamos. Reírnos porque sí. Siempre ese fue el plan. Porque la vida es mucho más que una hipoteca. Noches y noches en el Dakota. Noches en tu casa. Noches en mi casa. Pareja de tres. Rutas, kilómetros. Chistes, cerveza, confesiones. Siempre pude ser yo estando contigo. No había tema tabú. No había chiste que no se pudiera hacer. ¡Contra la pared! Tú me viste crecer como persona. Estuvimos a punto de mudarnos juntos, hasta que lo hablamos en serio… y terminamos riéndonos, de nuevo, y no volvimos a sacar el tema. Me alegro mucho de haberte conocido, y más me alegro de llevarte por siempre conmigo

Y para los que no te conocen, no saben lo que se pierden

Pequeño diablo, como te llamaba Vis. No hay nadie que te haya conocido a quien hayas dejado indiferente. Como tú decías. Amigos o enemigos, pero que seas indiferente es lo que más duele. ¡Y lo llevabas a la práctica! Nunca dijiste lo políticamente correcto. Te callaste eso sí, a veces, pero si osaban preguntar allá que ibas. Amigo de tus amigos. Siempre has estado ahí cuando te lo he pedido, pero sobre todo cuando no te lo he pedido. No dejaste que te visitásemos, por motivos que sólo tú sabes. Pero si algo me enseñaron es a respetar, y con una llamada me valía. Nunca había este plan trazado. Ahora no sabemos como seguir. Había planes de viajes. Había planes de conciertos. Había planes de fiesta. Pero no había planes sin ti. Entre bromas me dijiste que pasase lo que pasase que terminase este viaje. Me gustaría estar allí para despedirte. Estás a 5.000 kms, pero te siento a un metro de mi. No he pensado en volver para poder decirte adiós, porque no es lo que tu querrías. Bajarías para darme un par de collejas. Y este viaje, sabes que en parte lo empecé por ti. Para que en un futuro nadie tenga que sufrir lo que tú has sufrido. Llegaré a la cima. A lo más al norte. Como tú y yo soñamos en aquel grupo de whatsapp donde sólo estábamos tú y yo y que dijimos que iba a ser serio, hasta que volvieron los chistes. Llegaré. Llegaré por ti, amigo.

Y nos vuelves a dar una lección.

Todo lo del cáncer te llegó de repente, cuando estabas a tope con las oposiciones. Sin beberlo ni comerlo. Diagnóstico: Cáncer. Nos asustamos. Pero nunca te ví con miedo. Sólo un día, y en unos minutos conseguimos que se te pasara. Te has tenido que ir para decirnos a todos lo que siempre decías en vida. Hay que disfrutar que nunca sabes lo que nos queda. Este no era el plan, amigo. No era el plan que tus últimos días los pasaras en el hospital. El plan era de viejos, en unas motos que se nos cruzara un animal. Sin sufrir y con una sonrisa en la cara. Nos dejas vacíos. Nos dejas sin ti. Pero nos vuelves a dar una lección, y es que la vida son dos días. Muchas gracias amigo. Ya es hora de despedirme. De despedirme de tu vida terrenal. Viajarás siempre conmigo. Tenlo por seguro. Viajarás siempre con nosotros. Y como siempre me dijiste, los amigos no mueren, sólo se entierran. Vigílame desde donde estés. Conviértete en mi ángel en la carretera. Quiero reencontrarme contigo, pero dentro de mucho tiempo.

Hasta siempre amigo

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6 comentarios sobre “Hasta siempre, amigo

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